Dame de beber
12 Decembro 2011 at 15:59 4 comentarios
El alcohol causa alegría y suelta la lengua. Los silenciosos hablan por fin y los habladores parlotean sin parar. Una se siente liberada de pesares y la alegría alborota la sangre y el cerebro.
El alcohol provoca sinceridad espontánea, demasiada en ocasiones, de las que luego nos arrepentimos. Porque estamos borrachos, claro, y no sabemos qué decimos; así que lo mejor es ser sincera sin estar borracha, así seremos conscientes de lo que contamos. El alcohol nos excita y nos convertimos en seres impulsivos y felices, capaces de las mayores y mejores locuras, como recorrer kilómetros sólo para ir a contar sus lunares, como dice una canción. El alcohol nos desinhibe y disminuyen nuestros temores y ansiedades. Y como nos altera el juicio, nos da igual acabar llorando cuando sus efectos hayan acabado.
Y yo, en ocasiones, me pregunto si me habré caído en una cuba de vino cuando era pequeña, así como Obélix se cayó en la marmita.
Porque si no, no me lo explico.
Entrada arquivada en: Cosas cualesquiera, Cosas de casa, Las tareas de este mundo. Etiquetas: alcohol, alegría, borrachera, borracho, cerebro, cuba, euforia, juicio, lengua, llorar, locuacidad, marmita, Obélix, sangre, vino.
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1.
Tino Gallego | 12 Decembro 2011 ás 17:03
Moi bo, moi certo, Anabel, Penso que eu tamén debín caír na cuba. Biquiños.
2.
Despistado | 12 Decembro 2011 ás 17:45
Y si es añejo mejor, como decía sir Francis Bacon: Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.
Pero sin pasarse que los excesos también tienen su aquel…y para soltar la lengua basta con un pico, con dos no se nos entiende, al menos a mí.
3.
Helena Villar Janeiro | 12 Decembro 2011 ás 19:38
Eu, como son abstemia, doulle ese valor que se lle dá o descoñecido. Moi bo artigo.
4.
Kaia | 12 Decembro 2011 ás 20:46
Agradecida, Helena!
E unha aperta moi agarimosa hoxe.