Almas de viejas
30 Xaneiro 2012 at 23:32 2 comentarios
Para E.A.L, para quien siempre estará preparada la bata de casa.
Estaba harta de la niebla permanente, del sol que no brillaba, del frío perenne. Y decidió huir de todo lo que la consumía.
Supongo que no quería huir a cualquier lugar. Y supongo que por eso la escogió a ella. Porque no era ajena pese a no ser cercana; porque era conocida pese a no ser amigas. O tal vez sí lo eran; ¿acaso la amistad no es un afecto desinteresado entre dos personas? Y entre ambas no ha habido más intereses que los de la conversación y el conocimiento de la otra, que los de la simpatía y la empatía, que los de la cordialidad y el aprecio. O tal vez es porque se parecen más de lo que creen. Al menos, ella siempre ha creído eso.
Recorrieron carreteras rurales para escuchar canciones y para buscar el sol. Olieron el mar. Hubo historias contadas e Historia narrada. Hubo silencios. Y hubo, me parece, continuidad, ya que “cotidianidad” le parece una palabra tan larga y complicada.
Sonaba la música y le giró las manos para ver las palmas de ella. “Tienes alma de vieja”, le dijo. Y así son las dos: almas ancianas con sensibilidades de niñas inquietas y curiosas en cuerpos en la mitad de su vida. Por eso, creo yo, ha sido tan fácil para ella, y tengo la sensación de que para ambas, compartir esa torre a la que no permite que nadie escale.
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1.
Estefanía | 31 Xaneiro 2012 ás 7:46
A menudo, en mis encuentros con otras personas, me acuerdo de esta frase de Richard Bach: “El vínculo que une a tu auténtica familia no es de sangre, sino de respeto y goce mutuo. Es raro que los miembros de una familia se críen bajo el mismo techo.” En mis viajes, a veces he encontrado almas que me son familiares. Entonces es fácil comunicarse, es fácil compartir, es fácil ser, porque es más lo que nos une, que lo que nos separa: somos jóvenes, viejitas, curiosas, sabias, de vuelta de todo y sorprendidas de nuevo por una vida que no deja de fascinarlas. Un placer, Anabel.
2.
Helena Villar Janeiro | 31 Xaneiro 2012 ás 12:15
As nosas mans levan escrito todo. Eu creo que as bocas falan por elas que lles piden permiso para narrar esas historias que viron os ollos, que gozou ou sufriu o corazón, que escoitaron os oídos e que foron pasando por todos os sentidos. Pero son as mans quen as gardan e as devolven ao fío da vida. Preciosa narración. Unha aperta cómplice.