Mujer desesperada en mudanza, cuarta fase

5 octubre 2008 at 23:50 4 comentarios

Una de las consecuencias de mudarse es tener que buscar donde vivir. Es obvio. Una se va de su residencia a otro sitio, como el mismo verbo “mudar” indica. Abandona el que ha sido su pisito de soltera, limpito como una patena, en la espera de que el propietario apruebe cómo lo ha dejado y no le cobre la fianza para limpieza. No debería. Si exceptuamos el hecho de que no sé qué clase de suelo es el que pusieron en la cocina, pero se mancha con solo mirarlo; que el mismo tipo pusieron en el salón, y una vez que me fui de vacaciones regué mucho las plantas, y cuando llegué el charquito había dejado una mancha que no sale ni fregándola de rodillas con un cepillo de los de antes y con amoníaco ..; que me puse a limpiar con lejía los azulejos del baño, que son de un color como marrón descolorido, y cuando me di cuenta el marrón estaba más descolorido aún, así que hay unas cuantos azulejos un poquito más claros que los otros; que no he lavado nunca las cortinas, porque descolgarlas necesitaba de la habilidad de McGyver y yo no te soy muy mañosa, que digamos; y que se me derritió con el calor una vela de color verde olor melón que me compré en Port Aventura en la zona de China y el mueble de la televisión absorbió parte del color de la cera… Si exceptuamos todo esto, la casa está como para comer sopas utilizando el suelo como plato.

Así que por ahí, sin problema. Espero. Pero ahora que por fin ha venido el transportista a llevarse todos los bultos y que estos van camino de la casa de mis padres hasta que encuentre dónde vivir, toca ponerse manos a la obra. Sí, porque contrariamente a lo habitual, yo primero me voy y luego buscaré mi nuevo piso.

  1. Comprar los periódicos de la ciudad para ver los anuncios por palabras en el espacio de “alquileres”.
  2. Buscar por internet en páginas como enalquiler.com, o elidealista.com o de inmobiliarias pisos en alquiler en la zona en la que quiero vivir y que se ajusten a mi presupuesto.
  3. Echar mano de los conocidos de conocidos de mis conocidos y amigos para que me cuenten si saben o conocen a alguien que alquile piso.
  4. Llevar una libreta de notas o alguna de las cuatro agendas que compré a principios de año y que no uso para nada, por si acaso paseando por allí veo algún cartelito de estos que se colocan en las ventanitas de “se alquila, teléfono tal”.

Pues nada, a ello… Me gusta este, a ver aquel, este otro tiene buena pinta, huy este qué caro, ese no está amueblado, aquel otro no tiene plaza de garaje, mecachis este tiene más de veinte años… Pues llamo aquí, aquí y aquí.

-Hola, buenos días. Llamo porque he visto que tienen un piso en alquiler en la zona de P… y quería saber si puedo pasar a verlo y cuándo… ¿Cómo? Ah, ya está alquilado. Bueno, ¿y algo similar por esa zona?

-Hola, buenos días. Verá, llamo porque he visto… (bla bla bla). Muy bien, de acuerdo. Mañana perfecto, a las doce.

-Hola, buenos días, blablabla

-Hola, buenas tardes, y más bla

Así hasta tener unas tres o cuatro referencias, alguna incluso un pelín más caro de lo que puedo pagar si quiero seguir permitiéndome tener caprichos. O comer decente, básicamente. Pero en fin… vamos a ver.

El primero es un piso nuevo, sin amueblar, que he decidido ver por tener en reserva, en realidad. No quiero tener que comprarme los muebles. Bastante tengo con todo lo que tengo, como para además comprar sofás y camas, y mesas y estanterías. Está bastante bien. No me puedo quejar del precio. Con garaje y trastero. Le pongo una nota alta pese a tener que amueblarlo.

Más tarde me había citado con un gestor inmobiliario que mi queridísima hermana había contactado previamente. Cuando llegamos a la oficina, y el chico en cuestión se presenta, sentí como las rodillas se me derretían. ¡Mi madre, cómo estaba el inmobiliario! Si todos los de esta ciudad son así, seguiré buscando piso incluso cuando ya haya decidido en cual voy a vivir. Por supuesto que quiero que me enseñes ese piso de más de veinte años y que por supuesto que sé que no voy a alquilar, pese a lo bien situado que está para dirigirme a la oficina y su buen precio. Por supuesto que quiero que vayamos en tu coche, que así le echo una ojeada y para eso viene también mi hermana. Veamos. Está limpito por dentro; no tiene muñequitos ni ningún otro objeto que indiquen cierta presencia femenina en ocasiones (tipo novia formal, novieta ocasional…; este chico va ganando puntos). Sonrisa preciosa que le marca arruguitas en los ojos. Hemos llegado ya a nuestro destino. Maldición. El piso es viejo: sofá nada cómodo; colchones que estarían bien para un asceta pero no para mí, que me gusta dormir cómoda; bañera con ese cerquillo color amarronado de tanta agua recorriéndola durante tantos años; lavadora que creo que manchará más que limpiará; y la nevera… ¡buf! ¿qué se han olvidado dentro de la nevera para que huela tan mal? Lo único bueno, aparte del buenorro, es que acaban de lijar y barnizar el suelo y de pintarlo; y que en la plaza del garaje cabe un camión; y que el alquiler está muy bien, con todo incluido, incluso para el piso que es.

Pero lamentablemente para el guapo inmobiliario, no me voy a quedar con él salvo en caso de extrema necesidad. Y lamentablemente para mí, claro. De todas maneras, como soy mujer de recursos, le doy mi tarjeta a la que añado mi número de teléfono personal y mi dirección de correo electrónico para que se ponga en contacto conmigo si tiene algo más. Y prometo llamarle en breve para eso mismo (básicamente para que no se olvide de mí, ji ji)

Veo otro piso, esta vez de tres años, amueblado, en una zona en la que no hay nada más aparte de edificios, con un precio alto, pero adecuado al mismo. Dos baños estupendísimos; una habitación principal con una zona habilitada para lectura, descanso, relajación, increíble; una cocina y un salón fantásticos. Una gozada, vamos. Su fallo es su ubicación: no hay servicios de ningún tipo, ni siquiera un quiosco. ¿Y dónde compro yo la prensa el domingo? El domingo es día dedicado a la lectura de periódicos y sus suplementos. Todo el día en el sofá tumbada, sin nada más que hacer que leer. No hay cafeterías, no hay tiendas, no hay na…

Este queda anotado también en reserva.

El que veo en la playa tiene un precio desorbitado. La chica de la agencia pretende convencerme de que, claro, en verano el propietario sacaría mucho más y tiene que compensar. Ya, pues que compense con otro pringado. Es cierto que está a dos minutos de la playa, que está cerca relativamente de la oficina y que tiene cafeterías, restaurantes, un paseo precioso, en sus alrededores. Es cierto que las cortinas son monísimas y que puedo pasar por alto que la cocina sea mini. Pero no pago eso ni borracha de vino tinto de Toro, que se sube que ni os podéis imaginar.

Estoy empezando a desesperar. Así que decido volver a telefonear al guapo, a ver si me sube la moral. No tiene nada para mí pero bueno, si quiero me enseña algo un poco más caro, pero bien ubicado. ¡Genial! Es un piso nuevo del trinque, sin amueblar, cerca del mar, y con buena comunicación con la oficina, el aeropuerto y la ciudad. La propietaria amueblaría uno de los dos dormitorios pero no el resto del piso (excepto la cocina, claro está). Tiene un pequeño problema: no podré entrar a vivir en él hasta casi un mes más tarde de mi incorporación en el nuevo trabajo.  Pero no importa, me lo quedo. Me gusta la zona, me gusta el piso, me gusta el que me lo enseña, y pese a que había jurado que no quería nada sin amueblar, me duelen los pies, la cabeza y las rodillas. Me estoy haciendo mayor y necesito una cueva donde reposar ya. Y esta será mi cueva y punto.

Anuncios

Entry filed under: Diario, Mujer desesperada en mudanza.

A pequecha Bueno, no es el Hotel Batignolles Villiers, pero es lo que hay…

4 comentarios Add your own

  • 1. Anaia  |  7 octubre 2008 en 23:36

    Te gusta la zona?? como para no gustarte, creo que dimos doce vueltas por el sitio antes de dar con el edificio…

    En fin… no voy a añadir que mi casa está llena de cajas y que jugamos al tetris cada vez que quieres una cosa, ni que el inmobiliario y tu pareciais adolescentes, ni que me llevaste por que después de vivir en un piso con la ventana de mi habitación rota (en una de las ciudades más frías de Galicia), con solo un enchufe por hacitación y con un colchón que se hundia hacia el lado en el que dormias, querias que hiciera de Inspectora del CNI…

    Aiii, que bonito tu nuevo piso 🙂

    Y por cierto, yo en tu antiguo piso no comería en el suelo… que lo barrias a las 9, te tumbabas en el sofá a leer quietecita sin moverte y a las 11 motas enormes de polvo correteaban sin cesar mientras te preguntabas : y estas?? si acabo de barreeeer

  • 2. Kaia  |  7 octubre 2008 en 23:51

    Di doce vueltas contigo, pero te recuerdo que con Diana fui tres veces y ninguna de esas tres conseguimos encontrar el edificio donde estaba el piso después de que me lo hubiese enseñado el inmobiliario. Y la última me hubiera costado el divorcio si llegamos a estar casadas, porque la discusión que tuvimos en el coche cuando me dijo que se negaba a dar más vueltas al pueblo ese fue de aupa. Y los gritos fueron mayores aún.
    Y de adolescente, nada, eh, que era él al que se le hacían chiribitas los ojos. Claro que después yo no conseguí recordar dónde estaba el piso para enseñároslo, ji ji, porque yo debí de quedarme ciega con su belleza apolínea.
    Sobre la porquería de suelo que había en mi antiguo piso, me cobraron los euros de fianza de limpieza porque según ellos estaba sucio. No te fastidia… Claro que estaba sucio. Si se ensucia en cuanto lo miras… Luego me contestan que todos los demás inquilinos han dicho lo mismo. No te digo, contesté (en realidad, contesté algo más fuerte), será porque es cierto, digo yo. Pero en fin, que me daba igual, ya lo tenía asumido… no conseguí ocultar la mancha de cera del mueble de la tele, ups
    Y ¿qué mejor inspectora de pisos que mi hermanita querida que tantas mudanzas ha realizado (seis en tres años) ya en las que yo he ayudado incluso alquilando furgonetas y conduciéndolas sin quejarme nunca nunca?

  • 3. Anaia  |  11 octubre 2008 en 15:07

    Sobre lo de seis en tres años, vamos a aclarar eh? que me dejas como una culo inquieta. Esos tres años fui una estupenda estudiante que llevaba sus cosas en septiembre y en junio las traia de vuelta a su casa. cierto es, si, que cada año viví en un piso diferente, asi se yo tan bien como son los pisos y sus maldades … esos pequeños detalles que te fijas una vez pagada la fianza y firmado un contrato de alquiler que te obliga a vivir cierto tiempo en un piso que da pena, que no tiene enchufes, o que es un primero con terraza, terraza que da al bajo tejado de un garaje al que se puede acceder por el edificio en obras de al lado y que en vez de ventanas, la terraza tiene persianas del todo a 1 centimo… por que ni un euro valian las pobres. y tu, que vivias en la habitacion que daba a la ventana rezadas doscientos padrenuestros para que a nadie se le ocurriera la facil idea de acceder al edificio en obras, andar un poquito por el tejado, mover una persiana… y entrar en tu terraza… abrir la puerta de la cocina… y robar…

  • 4. xFactor  |  12 octubre 2008 en 21:38

    Muy buen post…

    Encontre tu blog en el blogroll de lascolillas.blogspot.com

    te invito a pasar por mi blog…

    adios!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


El contenido de este blog es ficticio. O no, en algunos casos. Sea como fuere, leedlo como lo que es: un entretenimiento para mí y para vosotros. Gracias.
Licencia Creative Commons
Tareas de la cotidianidad por Anabel Bugarín (Kaia) se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
Basada en una obra en listasdetareas.wordpress.com.

Cuánto te hemos contado.

Nos han visitado

  • 67,357 hits
Vamos cayendo, cayendo de nuestro zenit a nuestro nadir y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo (Vicente Huidobro)
Rosa Regás, "Música de cámara", Ed. Seix Barral

Instagram

Parques. La cotidianidad del #verano es descubrir caminos. Dinosaurio disfrutando gozoso de la soledad matutina de la piscina, consciente de que esto se acabará pronto.
#vivaelverano #tdah #misniños #misniñoscontdah #dinosaur #pool #piscina #diariodemamabufala Este fin de semana no me enfado. #propositos

A %d blogueros les gusta esto: