El misterio de Wraxford Hall

19 diciembre 2008 at 22:51 9 comentarios

El misterio de Wraxford Hall

Me acabé de leer esta novela la noche del sábado al domingo pasado, de un tirón, hasta las tantas de la madrugada. Así, entre la fiebre (tenía un gripazo de los que hacen historia, con fiebre alta y todo; todavía me está durando la flojera), los capítulos finales y el golpeteo de la lluvia y el viento en el cobertor del tendal y en las ventanas tuve pesadillas toda la noche; resultado: dormí a ratos y fatal entre la fiebre, los mocos y los sueños con gente chamuscada saliendo de armaduras; oí voces en la ventana del dormitorio (ya podéis imaginaros “quien” era); tuve que encender la luz en varios momentos cada vez que me despertaba porque notaba presencias en el pasillo; soñé que me mesmerizaban y me convencían de que tenía que escuchar villancicos una y otra vez sin parar a descansar; soñé con que volvía a mi trabajo anterior; en fin… que tuve una noche movidita…

Y lo peor de todo esto es que, en el cuarto capítulo o así, la novela empezó a aburrirme fatalmente. Tanto que pensé en dejarla y retomar su lectura en otro momento. No es para tanto. Lo he hecho en alguna ocasión; p.ej, con La saga fuga de JB, un supernovelón (que es mucho más que un novelón),  que sin embargo me resultó imposible la primera vez que intenté leérmelo; la segunda, de un tirón y sin parar de reír.

En este caso se unían dos factores:

1) que El misterio de Wraxford Hall, en su composición y estilo, me recordaba mucho a La dama de blanco, de Wilkie Collins; me lo releí hace poco, antes de mi mudanza, así que todavía lo tengo fresco; claro, John Harwood homenajea al maestro y creador de la novela de misterio de hoy en día imitándolo, pero a mí me saturaba tan seguido tanta semejanza;

2) que no me apetecía nada leer con tanto trabajo, y menos algo que obliga a prestar atención a los pequeños detalles para no dejar pasar nada por alto; llego a casa muy tarde, empiezo muy temprano, y realmente la lectura atenta me daba pereza; si le unimos la desilusión que me estaban provocando esos capítulos a partir del cuarto, y el bajón que toda novela tiene ya en esos primeros momentos… pues ahí está la explicación de por qué no quería seguir con ella.

Pero, una vez decidida a darle una nueva oportunidad, y dado que mis compañeras de trabajo me expulsaron del mismo el sábado por la tarde para que me metiese en cama con mi gripe y me curase, o por lo menos, me cuidase, allí arrebujadita con mi cobertor nórdico (bendito invento), que me costó una pasta, pero que abriga que da gustito (nunca he gastado tan bien un dinero), y con una tacita de café con leche y miel (con varias a lo largo de la tarde), allí que me puse a leer esta novela, que me acabó gustando como creí en un principio. Así que os la recomiendo siempre y cuando:

a) no tengáis fiebre,

b) no haya temporal de lluvia y viento,

c) no viváis en un lugar silencioso, o con ruidos nocturnos de animales (tipo un pueblecito rodeado de bosque),

d) no haya tormentas (porque son parte muy importante de la trama);

e) no estéis pasando por un momento triste sentimentalmente hablando (uno de los protagonistas todo le sale mal); yo no lo estoy, y acabé llorando por la triste suerte amorosa del pobre abogado.

Disfrutad de su lectura.

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9 comentarios Add your own

  • 1. Patricia  |  21 diciembre 2008 en 23:10

    Mira que no me llamaba este libro, pero después de tu comentario, creo que lo añadiré a mi lista de pendientes, y con un poco de suerte, hasta es posible que me lo traigan los reyes y todo 😛 … y vivo cerca de un bosque, pero me da igual; más ganas me das de leerlo con tormenta y todo xD

    Bicos ^^

  • 2. Kaia  |  23 diciembre 2008 en 16:03

    Tiene que ser una tormenta con rayos enormes y truenos muy sonoros. Y que caiga cuando estés leyendo la última parte de la novela, jajajajaja…. ¡¡¡Qué miedo!!!
    De todas maneras, ten en cuenta que tenía fiebre, y a mí eso me distorsiona, y hace que me lo lea todo de un tirón. Cuando me leí La sombra del viento, era domingo y tenía más de 39º de temperatura… y me acabé ese libraco ese mismo domingo; no me levanté de cama ni para comer, y no paré de leerlo ni para comer.
    😉

  • 3. Patricia  |  23 diciembre 2008 en 23:06

    Pues a mí que la fiebre me hace dormir… De nada me entero, lo único que hago es dormir y despertar, dormir y despertar, dormir y despertar :/

    Por lo menos tu puedes aprovechar las horas leyendo, ya quisiera yo 😛

    Bicos!!^^

  • 4. Kaia  |  25 diciembre 2008 en 23:18

    Y me hace hablar y hablar y hablar todavía más.
    Claro que depende de a qué se deba la fiebre y cómo esté el resto de mi cuerpo.

  • 5. data  |  21 noviembre 2009 en 16:45

    Pues mira como son los cosas que acabo de leer el libro en cama mientras intento curarme de un amago de gripe, supongo que estos dias todos estamos igual…
    A mi me ha gustado, hacia tiempo que no encontraba una novela de mansiones inglesas tan original y con protagonista femenina (que es de agradecer), aunque si coincido en que te obliga a estar al cien por cien en cada pagina para no perder detalle, tambien coincido en que Wilkie Collins es un maestro.

  • 6. Kaia  |  23 noviembre 2009 en 0:02

    Data, espero que al menos no haya soplado el viento. Cuando lo leí yo, menudo temporal de viento teníamos en esta ciudad, y ¡no puedes imaginar lo que afectaba eso a mi fértil imaginación durante la lectura!

  • 7. data  |  4 diciembre 2009 en 22:26

    uy, temporal de lluvia y viento, en la camita arrebujada curandote de la gripe y leyendo un buen libro…eso se acerca mucho al ideal de noche perfecta (para leer), no?

  • 8. Kaia  |  5 diciembre 2009 en 10:59

    Totalmente de acuerdo.

  • 9. María José  |  30 octubre 2010 en 21:10

    No tengo fiebre (ni la quiero), amorosamente no estoy mal, y no hay truenos ni tormentas, pero cada vez que comentas un libro me dan ganas de leerlo jajajajajaja besitos.

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