Cómo saber que una se va haciendo mayor…

28 diciembre 2008 at 23:25 6 comentarios

Envejecer es el proceso natural de la vida. Uno nace, crece, se reproduce (algunos desafortunadamente para sus crías), y muere. Antes de morirse, lo lógico es hacerse viejo. No vamos a hablar ahora de aquellos que no llegan a envejecer por distintos motivos, porque luego alguna me reñirá porque se supone que este es un blog humorístico (el serio ya sabéis que es Celosías que buscan amores, y si no lo sabíais, pues lo habéis sabido ahora). Una va haciéndose mayor sin darse apenas cuenta; se ve en el espejo y no nota diferencias entre ahora y antes, y seguro que mañana tampoco las habrá. ¿Cómo nos damos cuenta entonces de que nos estamos haciendo viejos?

1) Porque una cumple años, obviamente. Y cada año suma al anterior y resta para la hora final  (hala, qué trágica me he puesto aquí).

2) Porque cuando una ve fotografías de cuando tenía diez años menos, se encuentra más ojeras y más arrugas de expresión. Todavía no son patas de gallo. Son líneas alrededor de los ojos provocadas por las carcajadas en cenas con amigos; por las risas cuando se está con quien una quiere; por las lágrimas derramadas por un amor que se fue, por un amigo que nos dejó, por un problema en el trabajo; por las sonrisas cuando vemos un niño jugar; por los enfados que nos provoca escuchar noticias tristes en la radio… Pero todavía y por ahora no son patas de gallo. Y por ahora tampoco tiene arrugas, pero estas llegarán.

3) Porque empieza una a escuchar cosas como “¿Podría decirme qué hora es?” ¿”Podría”? ¿Con el “usted” implícito? Pues no, no podría, tontolaba… O cosas como “me lo dijo una chica que trabaja aquí; -¿quién?; -pues otra chica morena; -ya, pero es que aquí somos todas chicas; -no, una más joven… que no quiero decir que Vd. no lo sea, pero es que era una chica, o sea más joven”. Sigue sigue, sigue intentado arreglarlo, que vas por buen camino. ¡¡¡¡Yo sigo siendo una chicaaaaa!!!!

3.1) Porque empieza a llamar “chica” o “chico” a gente de más de 40 años.

4) Porque la rodilla derecha, esa de la que padece su abuelo, su madre y, por lo visto, todo el mundo de la familia de su abuelo materno, le duele cuando la dobla para subir escaleras, o para bajarlas… O le flojea alguna que otra vez. Y que conste que quien esto escribe no supera los 35, así que no quiero imaginarme cuando tengo los 40, o los 60, o los 80…

5) Porque la pierna izquierda le duele cuando amenaza lluvia.

6) Y cuando va a hacer frío, le duele el brazo izquierdo…

7) Porque empieza a estar mejor arrebujadita en la bata los fines de semana que saliendo de marcha hasta las tantas de la mañana del día siguiente.

8 ) Porque le cuesta recuperarse cada vez más de los excesos de los fines de semana. Si antes se acostaba a las 7:00 y se levantaba a las 10:00 y tan ancha, o reenganchaba (muy de vez en cuando, eh) de una noche de farra con el trabajo, ahora, si la noche se acaba a las 3:00 no es capaz de levantarse hasta las 13:00.

9) Porque prefiere una cenita tranquila con un buen vino y una charla a ir a un local a bailar, o a ligar, o a beber, o a fumar el humo de tabaco que sueltan otros.

10) Porque sus amigos empiezan a casarse, tener hijos, divorciarse, hipotecarse, tener más hijos…

11) Porque una empieza a tener conciencia de que si le gustaban los de 30 cuando tenía 15 años, y cuando tenía 25, ellos eran mayores que ella, pero ahora ellos, los de 30, serán menores. Y no es que sea un problema, pero sí puede empezar a serlo que a una también le gusten los de 25, ¿o no?

12) Porque antes, cuando una era más joven, si estaba enferma se curaba enseguida; o si no se curaba rápido, pues eso no le impedía ir a trabajar aunque tuviese 40º de fiebre; pero, a medida que una se va haciendo mayor, le cuesta más curarse y además, con una temperatura corporal de 38’5º ya está para el arrastre, débil, sin fuerzas, sin ganas, sólo queriendo mimitos de su mamá, que le traigan la sopita a la cama en vez de tener que hacerla una misma…

13) Porque cuando va a la perfumería o a la droguería a comprarse las hidratantes, ya les dan las de prevención de arrugas para más de 35 años; y eso antes de cumplir los 35. O porque ya le empiezan a recomendar las cremas para mantener los pechos tersos, la piel tersa, los colgajos tersos… Vamos, que una está perdiendo tersura.

13.1) Porque los pechos perfectos que tenía una se van cayendo y cada vez cuesta más tenerlos ahí arriba, donde habían estado siempre.

14) Porque hace ya muchos años que tiene canas. Y cada vez le salen más, aunque muchas se deban a las complicaciones laborales, y no exclusivamente a la edad.

15) Porque empieza a escuchar cosas como “se te está pasando el arroz” o “bueno, estas mujeres de ahora, que son tan independientes, ya se sabe…” O, si se ha comprado un coche grande, escucha comentarios como “¿por qué has comprado un coche tan grande? ah, claro, porque estáis pensando en tener hijos”

16) Porque una se da cuenta de que se está acercando a la edad en que su madre se quedó embarazada de su hermana pequeña, y en aquel entonces pensó “¡qué asco, pero si es muy mayor, ¿todavía puede quedarse embarazada?”; y ahora resulta que ella todavía se siente muy joven para tener hijos. Y vamos, ni se le ocurre. Si todavía me quedan muchos años…

17) Pero una es consciente de que en realidad, si bien mentalmente sí, no es tan joven físicamente. Y que sí, se le está pasando el arroz.

18 ) Porque empieza a decir frases o comentarios que son típicas de su madre o su abuela; p.ej: ¡qué amorosa es esta bata!

19) Porque empieza a parecerse gestualmente a su abuela.

20) Porque una va a más entierros y funerales que a bodas y bautizos; y a otros decide no ir, porque si no, sería demasiado.

21) Porque si un fin de semana decide hacer sesión de “sofing” (o puede, que no siempre querer es poder), le cuesta recuperar el tono muscular una semana.

22) Porque engorda con sólo ver el chocolate. No digamos con olerlo.

23) Porque se vuelve más intolerante con lo que siempre fue poco tolerante.

24) Porque las pequeñas manías se vuelven grandes manías, y costumbres de las que no se pueden prescindir. P.ej, ducharse, vestirse, desayunar, y luego peinarse. Apagar todas las luces si no es necesario tenerlas encendidas. Cerrar el grifo cuando se lavan los dientes. Vale, estas dos deberíamos tenerlas todos, si queremos que este mundo sobreviva. P.ej., que no me gusta que me toquen mis bolígrafos o que no me dejen las cosas exactamente igual de desordenadas que las tenía antes de que me cogiesen algo.

Y vosotros, ¿cómo notáis que os vais haciendo mayores?

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6 comentarios Add your own

  • 1. Danilo  |  3 enero 2009 en 0:01

    yo lo noto en el 90% de los puntos que has enumerado. En lo que te cuesta recuperarte de una pequeña juerga, pero sobre todo lo noto en que se me va la pinza cada vez más. Me miro en las fotos que me hice ayer y no me veo, creía que era más joven!!

    Feliz año Anabel!!!!!!!

  • 2. Kaia  |  3 enero 2009 en 22:15

    ¡¡Feliz 2009, Manoloooo!! Se me hace la boca agua pensando en la super paella que me espera en el Levante, con tus amigos. ¿Te piensas invitar? Mmmm, un arrocito a banda en una terracita frente al Mediterráneo…

  • 3. Danilo  |  5 enero 2009 en 0:22

    sólo decidme cuándo, porque allí estaré, qué carallo

  • 4. Patricia  |  10 enero 2009 en 20:56

    ¡Ay Dior mío! Que soy un vejestorio ya 😥
    Totalmente identificada con todos los puntos, parece mentira, pero todo sucede tal y como tu lo cuentas: un buen día empiezan a llamarte de usted, te miras al espejo y resulta que estás llena de canas y de líneas de expresión…

    Como bien dijo Rita Rudner: “Yo no espero envejecer bien. Yo me haré liftings hasta que mis orejas se junten”

    … Además, las trentañeras tenemos un encanto singular 😛

    Biquiños!!^^

  • 5. Kaia  |  18 enero 2009 en 0:58

    Pues ¿sabes una cosa? Que con el inventario en marzo, me temo que mi idea de irme una semana a las fiestas de la Magdalena se me han fastidiado. Tengo que revisar cuándo son para comprobar si me coincide bien… Eso me pasa por pedir cosas que luego resulta que me conceden, qué puñetas…

  • 6. Kaia  |  31 enero 2009 en 21:24

    Ay Dios mío… Acabo de darle a mi madre la bata que he comprado a mi sobrina (o sea, su nieta), y ha dicho “aaaaaayy, qué amorosita es esta bata”. ¿Veis, lo veis? Me estoy convirtiendo en mi madre.

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