8 de marzo, Día Internacional de la Mujer

8 marzo 2009 at 16:39 Deja un comentario

Hoy es 8 de marzo, Día de la Mujer. Es domingo. Esta mujer, de mediana edad, madre de tres hijos adolescentes, con un trabajo fuera de casa a media jornada de lunes a sábado, se levanta sobre las nueve de la mañana, más tarde de su horario habitual, sobre las siete. Se prepara su desayuno, tranquila por un rato. Es domingo. Hoy no hay prisa para despertar a los remolones de los chicos, tenerles preparados su propio desayuno, comprobar que tienen todo a punto para irse al instituto, mediar en sus peleas diarias por quien utiliza el baño primero… No ha dormido mucho esta mujer, porque, como todos los fines de semana, desde que empezaron a salir de marcha, ha mantenido un ojo medio abierto para comprobar a qué hora iban llegando y si lo hacían sanos y salvos. Hoy es el Día de la Mujer. Su fiesta, se supone. Pero le tocará, como todos los domingos, limpiar, planchar, remendar,  y cocinar. Quizá ha tenido suerte, o ha sido firme desde el primer día, y ha conseguido que en su casa compartan tareas; y uno planche, otro friegue, cada uno arregle su habitación (quizá alguno más ordenado que otro); quizá hasta su marido haga hoy la comida. Quizá. Pero quizá no. Y, hoy, pese a ser domingo,  a los “¿qué pasa, mamá? hoy es el Día de la Mujer, felicidades” le seguirá un “¿qué hay pa comer”?, un “jobá, mamá, ¿cómo es que no está planchada todavía esta camisa/falda/blusa/camiseta?”, un “bueno, el Día de la Madre vamos a comer fuera; ¿me pones el café que voy a comprar el periódico?”

Hoy es 8 de marzo, Día de la Mujer. Esta mujer, ya abuela, se levanta un poco más tarde de lo habitual. Son las nueve, quizá las nueve y media. Se prepara su desayuno, y mientras tanto planea el menú de este domingo. Hoy vienen a comer los niños. “Los niños”… y las nueras y los yernos… Y los nietos. Los nietos, una bendición. Su alegría. Aunque lo cierto es que quizá lo serían más si no tuviese que cuidarlos todos los días a alguno de ellos; dos o tres días de la semana a los restantes. No le cuesta nada, es cierto. Son sus nietos y los adora. Cada uno tan distinto. Este más reservado; aquella, más pilluela; esta, la intelectual; aquel, el rómpelotodo… Pero, cada día, todos los días, se levanta a las siete y media de la mañana para recibir a cada uno de sus nietos, un día sí y otro quizás también, mientras comparte con las otras abuelas su cuidado. Es para echar una mano a sus hijos, ¿cómo no va a hacerlo? Pero todos los días sí y otro también, esta mujer, ya jubilada, ve cómo la vida sigue pasando cuidadando niños y cambiando pañales, y ayudando a realizar las tareas de clase, y llevándolos al parque, y educándolos… Cuando ella lo que de verdad querría es mimarlos, consentirlos, ser abuela… Y hoy vienen todos a comer, porque hoy es el Día de la Mujer. Pero, mamá, no te preocupes, yo llevo los pasteles.

Hoy es 8 de marzo, Día de la Mujer. Es domingo. Esta mujer, de cualquier edad, con hijos de cualquier edad, sólo nota la diferencia entre hoy y cualquier otro día de la semana porque los domingos comen juntos a la misma hora; porque podrá, quizá, salir a dar un paseo un rato por la tarde; porque se levantará un poco más tarde de lo habitual; porque, quizá, pueda leer tranquila algún periódico. Por lo demás, esta mujer, hoy, como cualquier otro día, hará los desayunos, la comida y la cena; fregará la casa, planchará, pondrá lavadoras, tenderá la ropa; consolará, escuchará y ayudará a sus hijos; planeará la compra de la semana que viene; revisará las facturas, los gastos habidos y los futuros; comprobará las citas médicas, las citas con los tutores y profesores de sus hijos; regará las plantas, dará de comer al perro o al gato o a los canarios o al hamster…

Hoy es 8 de marzo. Día de la Mujer. Esta mujer, que trabaja a jornada partida incluso los sábados, aprovechará el domingo, como siempre, para realizar aquellas pequeñas cosas que no puede en su día libre de la semana. Este lo utiliza para hacer la compra, ir de tiendas si le fuera necesario, fregar y limpiar la casa, ir a la tintorería, a la peluquería, a la panadería, a cualquier establecimiento al que deba ir para su lista de tareas cotidiana y que, obviamente, no abren los domingos. El domingo se levanta todo lo tarde que su sueño se lo permita, hasta que sus ojos se abran sin sonar el despertador. Desayuna con calma, disfrutando del sabor del café. Después limpia con profundidad, lee, descansa, quizá hasta duerma una siesta, verá una película en el vídeo, escuchará música, leerá los periódicos, quedará con sus amigos para un café… Esta mujer sabe que debe este domingo de descanso a todas aquellas que fueron luchando, algunas en primera línea, otras poco a poco, como hormiguitas, para que hoy pueda tener su cuenta de ahorros a su nombre, pueda trabajar sin necesidad de ser autorizada por un hombre, pueda decidir entre tener o no hijos, tenerlos sola o con pareja, tener o no pareja, mostrar o no su sexualidad abiertamente, vivir sola sin ser criticada, poder conducir su propio automóvil…

Hoy es 8 de marzo. Día de la Mujer. ¿Podrías citar una mujer científica, y que no sea Marie Curie? ¿Una pintora? ¿Una escritora anterior al siglo XIX? ¿Una mujer piloto de carreras? ¿Una astronauta? ¿Una mujer presidente del gobierno anterior a Margaret Thatcher? ¿Una banquera, que no sea Ana Patricia Botín? ¿Una política que sólo haya sido criticada por su tarea política y no por su corte de pelo, color de traje, acento, embarazo u otros? ¿Una astrónoma?

Hoy es 8 de marzo de 2009. Día de la Mujer. Qué lástima que tengamos todavía que celebrarlo.

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Roque Valero, Vengo a contar contigo La mascletà

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