La mascletà

17 marzo 2009 at 19:57 2 comentarios

Nos subimos a un tren de cercanías. Son las diez de la mañana y queremos llegar a tiempo para oír la mascletá. Desde la estación de Castelló tardaremos aproximadamente una hora. Es tiempo suficiente para tomar un café en las terrazas valencianas, pasear con calma y buscar el mejor sitio para la mascletá a las dos de la tarde sin agobios.

A medida que va subiendo gente en cada una de las paradas, el tren se va llenando. Debemos de ser muy pocos los que no llevamos el pañuelo típico. Además, se confunden los que celebran la fiesta de la Magdalena, en Castellón, con aquellos que van de Fallas. Coinciden en el tiempo este año. Nos escapamos del bullicio de una para caer en la algarabía de la otra. Risas, voces, ruidos, fiesta… El vagón está ya repleto de ambiente festivo.

Hemos llegado ya a la estación del Nord, en pleno centro de la ciudad de Valencia. Su fachada es preciosa. No impresionante, pero sí muy bonita. Me gusta mucho la estación de Valencia.Y me gustan sus calles. Paseamos por ella buscando un lugar donde tomar, ¿qué me apetece?, una horchata sola, o con café, o con limón… Una horchata con fartóns. Quizá tan sólo un café con leche al final.

Vamos corriendo, agarrados de la mano en fila india, como cuando estábamos en el colegio, para no perdernos. La multitud, a una hora del comienzo de la mascletà, ya se va agolpando buscando los mejores lugares, situándose lo más cerca posible del lugar donde se sitúan los fuegos artificiales que van a explotar en menos de una hora.  Pero nosotros no queremos estar demasiado cerca, ni demasiado lejos, por supuesto. Queremos encontrar el mejor sitio para disfrutar del ruido y de la pólvora y de la emoción de los valencianos y de nosotros, los acoplados, sin sentirnos agobiados por el estruendo de los cohetes. Lo hemos encontrado ya, después de muchos “por favor, disculpe, ¿me deja pasar?, gracias, disculpe, por favor, ¿me permite?, sorry, gracias, disculpe, por favor…” Y aquí nos quedamos, plantados, como las fallas, aquí de pie hasta que esto se acabe. Aquí quietos, como árboles, seguimos estando cogidos de la mano, esperando que pasen los minutos, soportando empujones y golpes, como los que antes hemos dado nosotros, seguro, y diciendo “tranquilo, no pasa nada, nada nada, hombre… ay, qué pisotón, joder,  es que no ven por donde van…”

Menudo gentío. Cuánto ruido. Las voces van aumentando de volumen. Se va acercando el momento y todos estamos a la expectativa, nerviosos. Cuando se encienda el botón y aquello comience a arder, el silencio de las voces inundará Valencia y sólo se escuchará el sonido de la música del fuego ardiendo elevándose al cielo. Son las dos de la tarde. Y esto comienza ya.

El suelo tiembla bajo mis pies. Un terremoto sacude la plaza. Una sucesión de explosiones que componen una sinfonía de ruidos con ritmo. Noto cómo suben por los dedos de mis pies y se apoderan de mi cuerpo. Noto cómo sobre mi cabeza se produce música a base de cañonazos. Todo mi cuerpo se imbuye del ritmo de las explosiones y este año, sí, este año entiendo la ilusión, la emoción, la expectación… Este año entiendo qué es una mascletà y también, al acabar, aplaudo entusiasmada. Y me juro volver,  siga o no aquí. Estaré en Fallas.

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8 de marzo, Día Internacional de la Mujer La mascletà (versión real, menos edulcorada)

2 comentarios Add your own

  • 1. Marta Rivera de la Cruz  |  20 marzo 2009 en 20:40

    Kaia, pues un millón de gracias por hacer sitio en tu tiempo a “La importancia de las cosas”.

    Un abrazo

    Marta

  • 2. Kaia  |  20 marzo 2009 en 22:54

    Muchas gracias a ti por leerme. Caramba, qué sorpresa. Y sin ánimo de resultar alabanciosa, he de decirte que me está gustando mucho. Agradezco a quien me hizo descubrirte sus consejos. Y a ti porque cada vez que leía una entrevista tuya, más estaba deseando poder empezar a leerte. Y ahora soy yo quien te recomienda siempre que tengo oportunidad.

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