El Día de la Madre

4 mayo 2009 at 22:39 5 comentarios

madre-e-hijo

Hoy, en homenaje a mi madre, que tuvo dolores de parto durante tres días seguidos, y al final tuvieron que sacarme a la fuerza el lunes (desde el viernes por la tarde) utilizando unos forceps, porque yo no quería salir, mamá, que ya sabía lo dura y cruel que era esta vida;

que no me compró un uniforme nuevo el último año del colegio, porque total ¿para qué? y ahí iba yo, con un jersey que me quedaba algo pequeño;

que tuvo que aguantar que estuviese enferma una semana sí y la otra no, y llevarme al médico cada quince días para que me diese Veganin, Nuboquin y Ampicilina 2000;

que cuidó mi pulmonía, mi nefritis, mis paperas, mi sarampión, mi corte de venas por accidente, mi rubeola, y todo lo demás que tuve fuera de mis amigdalitis habituales;

que se pensó tanto lo de hacerme una hermanita que cuando nació, mi hermano y yo ya habíamos dejado de usar pantalones cortos; pese a todo, llegó justo cuando debía para que yo la adoptase extraoficialmente;

que me enseñó a jugar a las tenderas de pequeña simulando que los gajos de las naranjas del naranjo del jardín eran solomillos, y las hojas de los helechos del monte, bacalao;

que me compró una bicicleta roja BH con cestita (o la compró mi padre, pero el caso es que quien ordenó la compra fue mi madre), y me la puso encima de la cama la noche de Reyes, y pesaba un montón encima de mis piececitos;

que tuvo que aguantar que me llegase la adolescencia con 24 años;

que me obligaba a vestir con 17 años unas blusas blancas con cuello gigante que parecían baberos;

que estaba empeñada en casarme con todos los chicos que le iban a comprar al ultramarinos desde que cumplí los doce;

que me compraba libros y libros, y decía que yo era muy lista;

que, cuando me extirparon las amigdalas, me dio a beber zumo de naranja y creímos que me mataba del dolor que me produjo en la herida abierta;

que me daba masajes en las piernas con aceite de romero cuando tenía el síndrome premenstrual;

que me ayudaba con los deberes;

que me mandaba a clases particulares en verano porque yo se lo pedía, que si no me aburría sin ir al cole (sí, vale, era rarita);

que siempre me dijo que mis perros habían desaparecido o se los habían llevado para que sufriese menos cuando yo creo, en realidad, que se murieron (no lo sé seguro a estas alturas todavía);

que ha tenido que soportar que pasase de ser una niña buena a ser un bicho ruín 😉

que era la mamá que mis amigas querían tener y yo siempre les contestaba “pues llevátela pa tu casa”;

que me pagó la matrícula del carné de conducir;

que nunca le gustó mi coche porque no era del color que ella quería, pero el nuevo le encanta porque es grande y del color que le gusta;

que tuvo que soportar que me pusiese el pelo rojo, de colores, con mechas rubias platino y cobrizas, que me lo dejase largo, corto, más corto, le gustase a ella o no;

que hace mucho que no me ve llorar, pero que sabe que lo hago;

a quien nunca he visto llorar, pero sé que lo hace;

que me hizo los moños de Dulcinea del Toboso cuando tuve la pulmonía, y parecía una fallera con los rodetes esos en la cabeza (¿o fue mi abuela?);

que me compró un corazoncito de peluche cuando vino a verme en la ciudad en la que vivía antes;

que se montó en un avión para hacerlo;

que me regaló un Nenuco hace dos años para compensar que mi hermano me rompió otro hace 28;

y que en un año, hace muuuuchos, me regaló una Nancy tras otra para compensar que mi hermano hizo con ellas lo mismo que con el Nenuco;

que hay muchas cosas que no puedo contar porque si no, esta entrada se haría eterna;

y en homenaje a mi abuela, que se pasó los tres días de mi parto con un plato de lentejas y poco más, mientras mi padre se iba al fútbol, porque total la cosa iba para largo;

que me cuidó casi tanto como mi madre, porque vivíamos juntas y ella trabajaba;

que me hacía coletitas cuando iba al colegio y se pasaba peinándome horas;

que me llevaba a la parada del autobús escolar y me iba a buscar;

que soportó que le riñera cuando yo castigaba a mi hermana pequeña y ella le levantaba el castigo;

que nos confunde a los tres y a mí me llama con el nombre de mi hermano, a mi hermana con el mío, a mi hermano con el de mi hermana, o sucesivamente y viceversa, no porque no se acuerde, sino porque tiene tanto que decirnos que se lía con sus nietos;

que hacía las mismas cosas que mi madre, pero llamándose “abuela”,

hoy, entonces, me he maquillado, como siempre insisten ambas; me he puesto tacones, como siempre piden las dos; he pasado cuatro y no dos minutos peinándome, para que dejen de mesarme el cabello como hacen para recordarme que así no se puede salir a la calle; me he puesto una blusa blanca y gris, y no he ido de negro vestida, como dicen ellas siempre que me visto; y me he puesto pendientes, que siempre insisten en que me ponga cada vez que salgo de casa. Y no he caminado aprisa, casi corriendo; y he caminado derecha, y he hablado despacio.

¡Feliz Día de la Madre!

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Vaya semanita: sólo querría dormir siete días seguidos Las compras alteradas

5 comentarios Add your own

  • 1. anama  |  6 mayo 2009 en 13:49

    Joer qué sensible estoy, debe ser la regla, pero casi lloro leyendo este post

    (que sea la regla, que sea la regla, no quiero ser tan emocional, que sea la regla por favor *.*)

    Precioso. *.*

  • 2. Kaia  |  6 mayo 2009 en 22:37

    Pues qué chafada me has dejado, Anamá. Yo pretendía que tuviese un ligero tono humorístico. Y menos mal que no he contado cuando se cruzó con un ex-novio en unas escaleras y quiso ponerle la zancadilla para que cayera; o cuando destrozó mi incipiente carrera musical porque no me compró un piano (y mientras mi padre empeñado en que tenía que tocar el violín) y entonces me negué a seguir aprendiendo solfeo; o cuando se empeñó en que tenía que hacer Periodismo (y mi padre, en que tenía que estudiar Derecho) y ambos tuvieron que conformarse con lo que yo quería: Filología; o cuando me guardaba la nata de la leche para que hiciese bizcocho de nata todos los domingos cuando estudiaba y así relajarme (y un día que se me olvidó echarle la harina, aún así mi padre se lo comió); o ahora, que me recoge acelgas en el huerto para que me las traiga cuando voy a verles un fin de semana…
    Será la regla sí por lo que te entraron ganas de llorar. Al fin y al cabo, no es porque una madre es una madre y has pensado en la tuya, ¿a qué no?

  • 3. anama  |  7 mayo 2009 en 11:09

    Nooo, claro que no! (ejem… ejem…) -sonrisa con muchos dientes y gota de sudor en la frente-
    lo de la zancadilla al ex-novio es muy gracioso xDDD

    😀

  • 4. Kaia  |  7 mayo 2009 en 20:16

    Es que mi madre en sí es muy graciosa. Ya te digo: la madre que todas mis amigas querrían. ¿Quieres llevártela para tu casa?

  • 5. Kaia  |  7 mayo 2009 en 20:17

    Uy, mami, que sé que lees esto… Es broma, eh, mami, lo de que te vayas a casa de Anamá 😦

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