En pleno vuelo

7 junio 2009 at 0:22 Deja un comentario

He visto juntos al Sol y a la Luna. Sobre las nubes, uno al Este; la otra, al Oeste. Cuarto menguante ella; él, de color anaranjado, de color rojo casi, está subiendo para ocupar su puesto en el cielo. Corre para acercarse a la Luna. Hoy halcones y lobos embrujados no tendrían que esperar al eclipse para poder tocarse de nuevo, enamorados. A estos miles de kilómetros de altura, sobre las nubes, podrían por fin acabar con la maldición. Nubes algodonosas. Dan ganas de saltar y tirarse sobre ellas. Como sobre un mullido colchón de plumas.
La luz del Sol está todavía debajo de una. ¿No es increíble? El Sol es todavía pequeño. Está creciendo aún. Yo estoy más arriba y soy más alta. Pero voy dejando atrás la Luna, que me supera en altura. Ni siquiera sobre mis altos tacones conseguiría tocarla. Caray, cuando salte sobre la cama elástica que forman las nubes he de tener cuidado, pues he visto un agujero. Podría colarme por ahí y caerme. No son solamente blancas estas nubes. Algunas tienen un leve tono rosado, sobre todo aquellas que forman la cama de la Luna. Pero se mezclan con las blancas. Y ahora son grises. Quizá, si estuviese más abajo, con los pies en el suelo, diría que, máldita sea, está lloviendo. Aquí arriba, no lo sé. Aquí arriba parece que no.
Y de repente descubro una montaña de nubes que se eleva sobre esta colcha grisácea. Ahora parecen olas. Ahora es un mar embravecido que hace bambolear esta embarcación cuyo capitán ha decidido atravesar ese mar de nubes. Pero hemos superado (sana y salva) esta turbulencia. Y bajo mis pies se asoma la estructura de una ciudad. Dura un suspiro, porque de nuevo estoy dentro de una ola gigante de nube. Y no consigo ya ver nada. Me ha tragado una ballena, parece. Aunque ahora me ha escupido y vuelvo a pasear la mirada sobre otra ciudad. 8120 pies de altitud. ¿Cúantos kilómetros son esos? Vamos bajando. Ya no veo la Luna. Ya no estoy sobre las nubes. Pronto volveré a tener los pies sobre la tierra. El Sol es ahora una franja anaranjada en el horizonte. Está ahora más alto que yo y es un rayo luminoso que asoma entre las nubes. Nubes que ya no me recogerán si me caigo mientras vuelo. Ahora se deslizan sobre mi cabeza con colores amenazantes. Colores de lluvia.
Tendría que haberme traído un paraguas.

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