Desde la séptima planta de este hospital

14 junio 2009 at 21:13 1 comentario

Desde la ventana de la habitación de la séptima planta de este hospital, cuando bajo la mirada, alcanzo a ver la entrada de la cafetería. Dos personas vestidas con uniforme blanco están a la puerta, esperando que abra, quizá, o tal vez fumándose un cigarrillo antes de entrar. Son las ocho y media de la mañana. Si estuviese abierta, bajaría a desayunar. Necesito algo más contundente que el café de la máquina de vending, que llevo tomando toda la noche. Me vuelvo a asomar a la ventana. ¿Hace sol? Parece que hoy, otra vez, el día será soleado. Pero no me importaría que lloviese. Al fin y al cabo, si tenemos que estar aquí metidas, si lo único que tenemos que entrar y salir de esta habitación, sería mejor que viésemos llover. O quizás no, quizás si lo único que pudiésemos ver desde esta ventana es lluvia y tormenta y frío, quizás el cansancio y la tolerancia al aburrimiento serían peores. Sí, tal vez es mejor que brille el sol. Puedo oler el frío de esta mañana.
Desde la ventana de la habitación de la séptima planta de este hospital, si dirjjo mi mirada a la derecha, puedo ver el aparcamiento. Coches y más coches ya tan temprano. También se pasa consulta ambulatoria. Y se queda pequeño para tanta gente. Si viniesen a relevarme ahora ya no encontrarían dónde aparcar. Allí, más abajo. Donde todavía no han llegado los aparcacoches. Allí sí podrían ahora. Dentro de una hora ya será difícil.

También estará llena la cafetería dentro de un momento. Gente esperando a gente que viene a hacerse pruebas, o a consultar el resultado de otras pruebas, a averiguar por qué está enfermo, qué es lo que le pasa; gente que ha salido ya de consulta y se toma su segundo desayuno de la mañana; gente que, como yo, no han salido de este hospital en toda la noche y que, como yo, no sólo buscan un café de verdad, sino también los tibios rayos del sol de la mañana. Aire puro, aire. Mejor bajaré ahora. Está medio dormida.

Desde la ventana de la habitación de la séptima planta de este hospital, si dirijo la mirada al frente, puedo ver las montañas. Veo también las casas desperdigadas de las parroquias rurales de esta ciudad. De la chimenea de una de ellas sale humo. Se encienden las viejas cocinas de hierro, que funcionan a leña, para calentar esas casas salpicadas por las laderas de las montañas que puedo ver desde esta ventana de hospital.

Desde el ojo de buey gigante en el que desemboca el pasillo de esta ala de la séptima planta de este hospital tengo una vista panorámica de la ciudad. De día mi mirada llega hasta el mar. Desde esta ventana también alcanzo a ver las islas. Si tuviese unos prismáticos, ¿quién sabe?, quizás podría observar la fauna de la isla mayor. De noche, las luces de la ciudad conforman un maravilloso espectáculo. Parecen miles de luciérnagas revoloteando sobre los edificios.

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Conocimiento de partículas En el aeropuerto

1 comentario Add your own

  • 1. chus  |  10 noviembre 2010 en 0:11

    Fantástico!!!!!!!!!!!! no me dan las neuronas para más y creo que tampoco es necesario decir más.!!!!!!!!!!!!!!!

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