El pelo negro

21 febrero 2010 at 20:14 6 comentarios

Existe un momento en la vida de una mujer que marca el paso de la juventud a la madurez. Es ese descubrimiento ineludible e inevitable que se realiza de manera inesperada y nos resulta tan difícil de aceptar. No es la primera cana; por razones genéticas o debido al agobio de la vida de hoy en día, esta puede aparecer incluso antes de los veinticinco. Y tiene fácil solución: los tintes capilares.

No son tampoco las patas de gallo ni las marcas de expresión. Estas son debidas a la risa, al llanto, a la manifestación de las emociones. No hay que esconderlas ni avergonzarse de ellas, porque indican que una, en definitiva, vive la vida con pasión.

No lo son tampoco la celulitis, ni no tener la barriga plana, ni que se nos caiga el pecho. El hecho inevitable que convierte a una mujer en señora mayor es cuando una encuentra… ¡el pelo negro de la barbilla!

Y lo peor es que habitualmente no es la propietaria del pelo quien lo descubre, sino una compañera de trabajo, un novio, una amiga, un amigo, alguien, que de repente le dice a una “espera, que tienes un pelo ahí” e intenta cogerlo con los dedos, pues cree que es una pestaña o algo que se ha caído; y se da cuenta de que no, de que hay que arrancarlo; y entonces dice “ah, pues habrá que arrancarlo con unas pinzas”.

Y lo que sigue a esta humillación es darse cuenta una, cuando está enfrente del espejo, de que el pelo no es un pelito, no, es un enorme pelazo que mide entre dos y tres centímetros, y que el día anterior ¡no estaba ahí! Aparece de repente ya crecido, negro y oscuro, destacando entre todos los pelillos blancos semitransparentes que antes tampoco estaban ahí. Y da igual lo que una haga por arrancárselo. Con pinzas o con cera, da igual. Un día nos vemos en el espejo y nuestra barbilla está limpia y clara, como la de una niña; y al siguiente… sin contar con él, sin esperarlo… ¡ahí está el maldito! largo y enhiesto.

Es, entonces, cuando no nos queda más remedio que aceptarlo. Nos estamos haciendo mayores.

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Lo mejor de la vida, de Rona Jaffe No sé si casarme o comprarme un perro (Paula Pérez Alonso)

6 comentarios Add your own

  • 1. Narayani  |  22 febrero 2010 en 23:33

    No lo había pensado nunca pero… ¡cuánta razón llevas!! La verdad es que ocurre tal y como lo cuentas, jajaja. Mejor tomárselo con humor 🙂

  • 2. Ana  |  23 febrero 2010 en 17:58

    I know what you’re talking about baby! : )

  • 3. Ana  |  23 febrero 2010 en 17:59

    Molona la cancioncilla! : ) besukis.

  • 4. Kaia  |  23 febrero 2010 en 20:11

    Y es reivindicativa, aunque no lo parezca… Soltarse el pelo en México, aún a día de hoy, es todo un acto de afirmación.

  • 5. Kaia  |  2 marzo 2010 en 22:04

    Y lo peor es cuando te encuentras no uno ¡sino dos! Aaaah, qué horror.

  • 6. Juani  |  29 febrero 2012 en 19:13

    Que bueno, el caso es que es así, hace como 2 semanas me sucedió en propias carnes, es que una ya tiene una edad, jajajaj!!!

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