Ángeles de Charlie mecánicas

13 junio 2010 at 20:38 1 comentario

Charlie se fue. Tomó un avión y voló hasta Bruselas, dejando a sus ángeles desconsoladas. Tanto, que consagraban sus noches a pedir comida al restaurante chino, beber licor café o crema de orujo, o ambas; y mientras hablaban de highlanders y vampiros vikingos, ay omá qué ricos, se dedicaban a ver capítulos de True Blood, especialmente en los que Eric hacía acto de presencia.

Pero Charlie tenía una misión para su ángel, Kelly Garrett. Había que sacar su coche del garaje el día que tocaba limpieza del mismo. Anochecía cuando Kelly decidió cumplir la misión

Mientras, el ángel Sabrina Duncan realizaba una de sus tareas cotidianas, establecer contacto con su progenitora mediante la línea telefónica. Y en esas estaba, cuando suena el timbre de su puerta. “Kelly, ¿qué sucede?. Mamá, te dejo, que está aquí la vecina de abajo”. “Vecina, tengo que sacar el coche de Charlie del garaje y ¡se le ha descargado la batería!”. Oh, maldición, pues sí que es una faena; “no tengo pinzas”, contesto. ” Pero yo sí”, me responde.

Y hete aquí que ambas bajan a la planta primera del garaje para subirse al vehículo de Sabrina (vehículo A, en adelante) y poder cargar la batería del Fiat Tempra de Charlie (FT en adelante). Tras varias maniobras con cierto peligro para conseguir llegar a la planta segunda del garaje sin rayar el coche, y después de haberlas salvado con soltura, colocan el vehículo A en posición perpendicular a FT. Mas, cuando se disponen a abrir el maletero de A, comprueban estupefactas que no encuentran la palanquita que debería abrir el maletero. Lo intentan una y otra vez, y cuando ya se estaban convenciendo de que eran unas mujeres torpes, ¡albricias!

Pero, maldición, la batería del vehículo A está totalmente llena de cables que van a dar a cada uno de los más pequeños conductos y recovecos de la misma. “No, ángel Sabrina”, grita Kelly, “no la toques ni saques nada de su lugar, que después ¿quién sabe si podremos volver a poner todo en su sitio?”.  Llegadas a este punto, sólo les queda recurrir a su ingenio: “a ver, ¿quién podrá haber en el edificio que tenga un coche que nos sirva?”; “el vecino del segundo”. Ni cortas ni perezosas, suben al segundo piso, pero ¡ah, lástima! nadie contesta a la llamada. Así que, ¿qué pueden hacer? si este edificio es fantasmal… aquí no hay nadie a determinadas horas.

Pero ahí llega, ahí está entrando en el garaje, el ángel Jill Munroe. Entra respondiendo a los saludos de sus compañeras ángeles sin darse cuenta de la agitación que las acosa, y que provoca esos movimientos espasmódicos de brazos y piernas de ambas. “¿Qué sucede?”. Y después de haber sido informada de la misión y de las dificultades para cumplirla, decide poner su coche al servicio de Charlie. El vehículo (desde ahora, Vehículo B, o B simplemente) es conducido en posición perpendicular a FT y así proceder al acoplamiento de sus baterías.

¿Y esto cómo se hace? se preguntan. A ver, muy fácil: el rojo es positivo, ¿no? ¿Por qué? Porque el rojo es fuego, y en las películas el rojo siempre es positivo. ¿Y el polo negro? Pues será negativo, porque el negro es frío, así que será el negativo. ¿Y cómo se colocan? Pues rojo con rojo, y negro con negro, ¿no? Pero al hacerlo, ay, saltan chispas. Esperad, esperad, a ver si vamos a incendiar el garaje. Ay, Charlie nos mata si prendemos fuego a su coche. Y no digamos el resto de vecinos del edificio.

Así pues, Jill decide telefonear a la voz de la sabiduría: su padre. “Papá, que tenemos aquí una batería descargada; que ¿cómo se hace?; el rojo ¿a dónde? y el negro ¿a qué sitio? Que no toque chapa, chicas”. “Que saltan chispas”. “Que no toque chapa”. “Por los clavos de Cristo, que vamos a incendiar todo”. Pero no, estas Ángeles son M.C.P.R.C.T.C.T.C.M (Mujeres Capaces Para Realizar Cualquier Tarea Considerada Tradicionalmente Como Masculina) y cada pinza está en su lugar correspondiente, en el polo adecuado y ya no saltan ni chispas ni nada. Se arranca el vehículo B y se acelera el vehículo B para favorecer el paso de energía; se arranca el FT y se dejan conectados. Al cabo de unos minutos, pocos, los suficientes, se desconectan las pinzas y se intenta arrancar a FT. Venga, ángel Kelly, veamos si ha dado resultado. Las Charlie’s Girls están expectantes mientras Kelly gira la llave del contacto y… el vehículo no se enciende: ni el tablero, ni arranca ni nada… Aquí no se enciende nada. ¿Qué puede haber pasado? Quizás no se haya descargado la batería; quizá simplemente ha llegado su hora final. Y en ese caso nada se puede hacer. Pero como son mujeres animosas, nada dadas a la desesperación ni a la desesperanza, vuelven a intentarlo. Rojo con rojo, negro con negro. Y arranca, y acelera, y carga, maldita batería de los demonios. Y no arranca.

Bueno, pues ¿qué se le va a hacer? Estas Ángeles saben también cuando han de dar por finalizada una misión, incluso si el resultado es fallido. Es mejor, deciden, esperar a que vuelva Charlie, y que él compruebe cuál es el problema de la batería de su coche, ¿no? Así que decidido esto, se dirigen a casa de una de las ángeles para informar a Charlie del resultado de la misión, él, que está allá en Bruselas; pero sobre todo para… ¡escuchar de nuevo que el vampiro quiere hacer cositas malas mientras beben licor café!

Ay omá

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Disque de cativa La buena niña y la abeja Maya

1 comentario Add your own

  • 1. Ana  |  15 junio 2010 en 16:52

    Me ha encantado leer las aventuras de “Las Angeles de Charlie, mecánicas”. Tiene que ser genial, ser “mecánica” y M.C.P.R.C.T.C.T.C.M, y por supuesto, MM.FF. Me encanta! : )

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