La buena niña y la abeja Maya

10 julio 2010 at 20:36 5 comentarios

Había una vez, en un pequeño pueblo, una preciosa y dulce niña; una encantadora pequeña, buena y cariñosa, obediente y estudiosa. Una adorable muñeca de risueños ojos verdes acastañados, hoyuelos al sonreír en sus sonrosadas mejillas, risa cantarina y voz angelical. Esa niña que toda madre querría como hija; esa nietecilla con la que todo abuelo sueña; esa princesita que todo padre desea. Siempre sonriendo, siempre abrazando, siempre jugando, siempre besando. Todos en el pueblo habrían deseado ser sus padres.

Pero esta niña buena, esta cautivadora pequeña hechicera, escondía bajo esa angelical apariencia un terrible aspecto de su personalidad. Un monstruoso secreto que, de ser conocido por todos, la alejaría de aquellos que la idolatraban: esta dulce chiquilla se dedicaba, con placer macabro, a matar abejas aplastando entre sus manos inocentes las flores en las que se posaban. Y cuando las veía muertas, prensadas entre los pétalos de la flor ahora marchita, aquella risa que parecía tierna sonaba a maldad y muerte.

Su padre le dijo un día, al descubrir tan macabra afición:

-Nena, ¿qué haces? ¿no ves que es la abeja Maya?

La muchachita se le quedó mirando, miró de nuevo a su reciente víctima y contestó impasible, con un deje de desprecio en la voz:

-¿Qué dices, papá? La abeja Maya es un dibujo animado.

Pero un día… tras estrujar un girasol, al apartar las manos para comprobar su nuevo asesinato, encontró en su palma derecha el último acto de honor de la abeja en cuestión: el aguijón clavado en ella. Maldita sea, ¡y qué bien clavado! Lo que les costó quitarlo. Y bajar la hinchazón. Su padre realizó los primeros auxilios con una monedita de una peseta mientras le recordaba que quien la hace, la paga. Su madre, por su parte, le desafió a que volviese a intentarlo, puesto que, quizás, y sólo quizás, se encontrase con algo más de un aguijón.

No fueron necesarias más avisos ni escarmientos. La inquieta pequeñaja no volvió a acercarse jamás a una flor en la que estuviese posada una abeja. Y esta cronista asegura que cuando dice “jamás” ha sido exactamente “jamás”.

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5 comentarios Add your own

  • 1. Ana  |  11 julio 2010 en 8:06

    Ohhhh, y quien era esa niña tan traviesa? … No sabía de ésto! … Qué historia! Pensé que cuando su padre le dijo que era la abeja Maya, eso la arredraría, ja,ja … : ) bicos.

  • 2. Ana  |  11 julio 2010 en 8:17

    Tierna historia! … con un pequeño “twist”! ♥

  • 3. Kaia  |  11 julio 2010 en 9:09

    Ana, esa niña tenía un punto malvado desconocido.

  • 4. Kaia  |  11 julio 2010 en 9:11

    Ah, y siempre fue muy inteligente; ¿cómo iba a engañarla su padre con la abeja Maya, si la abeja Maya era grande y sabía hablar y aquellas abejitas eran pequeñas y sólo zumbaban?

  • 5. Ana  |  11 julio 2010 en 9:25

    ; ) Claro, claro, era una niña muy inteligente! : ) ❤

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