El rincón de sueños

16 diciembre 2010 at 22:39 4 comentarios

No recuerdo lo primero que te dije cuando te conocí. Quizás fuese mi nombre dándote la mano para saludarte. Supongo que lo siguiente fue presentarte a alguno de tus compañeros para que te indicasen cuáles eran tus tareas y te formasen. Lo cierto, corazón, es que no me acuerdo.

Tampoco recuerdo en qué momento aprendí contigo que las normas que una se dicta, las que una jura no romper nunca, se van resquebrajando a medida que el tiempo pasa, y aquello que para todos los demás seguía siendo una regla inquebrantable, contigo ni siquiera fue humo. Nunca tendré como amigo a un compañero del trabajo, juraba, excepto a la otra mitad del pack, aseguraba; y especialmente, nunca tendré como amigo a alguien a quien tenga que dar órdenes, perjuraba. Y mientras lo decía, más mentira era contigo día tras día.

Y, así como, con todo el mundo que me rodea, puedo decir con seguridad cuánto tiempo hace que le conozco, contigo no sé exactamente desde cuándo formas parte de mi rutina diaria. ¿No es extraño?

Mas, pese a no recordar todo esto, sí llevo grabado en mi corazón tu cariño cuando supiste que en mi familia rondaba el dolor, y tu preocupación e interés en informarme de las medidas a tomar. En mi piel, tus besos y abrazos de despedida y de reencuentro. En mi alma, tus consejos y tus bromas, tus palabras de consuelo, tu apoyo siempre. En mi retina, los escasos momentos en que te has mostrado enfadado y molesto;  la cena de Navidad en la que jugamos a desnudarte y tu cara de susto; tu rostro siempre. En mi sangre, las largas llamadas para contarnos nuestras cosas, nuestros miedos y dudas, tus abrazos en la distancia tras mis llantos, mis propios consejos y respuestas a tus preguntas; que te hayas convertido en alguien imprescindible y en una de las primeras personas en quien pienso cada día.

Y cuando marco tu número de teléfono, por cierto, no es porque necesariamente quiera contarte algo, aunque siempre tenga algo que contarte.

Hay, desde que nos conocimos, tantos que han pensado que estoy enamorada de ti. No se equivocan, en realidad. Al fin y al cabo, la expresión “estar enamorado” tiene como raíz una palabra, Amor, que engloba tantos significados y matices como sentimientos a los que se refiere. El Amor es afecto y preocupación, cariño, abrazos; echarte en falta cuando me siento mal y cuando estoy bien; querer contarte lo bueno que me pasa; saber que puedo compartir lo malo, y que es decisión mía hacerlo; tener ganas de telefonearte y no sentir dudas en marcar tu número; cogerte de la mano cuando estás triste, pero dejarla libre cuando eres feliz; saber que estaremos ahí si nos necesitamos. Porque yo sé que tú estarás. Espero que tú sepas que yo también.

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La vida en los bolsillos 2010 en resumen

4 comentarios Add your own

  • 1. Guido  |  17 diciembre 2010 en 3:14

    No encuentro palabras… GRACIAS!!!.

  • 2. Ana  |  17 diciembre 2010 en 15:07

  • 3. Zeltia  |  19 enero 2011 en 15:22

    Y ahora aquí, habría que poner el poema ése de Benedetti que todo el mundo usa: el de contar contigo (no hasta dos o hasta tres)

    Me sentí muy identificada. Quizá porque yo también tengo un mejor amigo.
    Y siempre aspiro a seguir teniendo un mejor amigo.
    [aunque quizá se necesita para eso “una veta” de amor,
    es por la veta, o a pesar de la veta?]

  • 4. Kaia  |  20 enero 2011 en 1:02

    A pesar de la veta. ¿No crees? Pero precisamente porque tenemos la veta.
    Encantada de que hayas pasado por casualidad…

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