Amores infantiles

24 noviembre 2011 at 23:41 1 comentario

A ella nunca le cayó bien Anthony cuando veía Candy Candy. A ella le gustaban más Alistair o Archibald que aquel rubito cursi que no le llamaba nada la atención. Hasta que llegó Terry, claro.

 Con su melena al viento, sus aires de niño malo, su rebeldía juvenil, pero con aquel pedazo de buen corazón que le lleva a dejar su amor por Candy de lado, su historia vital de joven que se siente mal querido, este chico lo tenía todo para adueñarse de su corazón. Y así fue.

Hasta que un día, de repente, sentada en el suelo viendo la televisión, y hasta cree recordar que fue en casa de sus primas, mientras jugaban a ser cantantes, o mientras las esperaba para salir a pasear en sus bicicletas BH rojas, un vídeo musical llamó su atención.

A  la tierna edad de once añitos, se enamoró para siempre de aquel hombre que, vestido de mujer, le guiñaba el ojo mientras pasaba la aspiradora. Perdida y completamente, total y locamente. Sin espacio para nadie más, sin posiblidad de cura ni redención. No habría para ella nadie mejor que él, nadie que la emocionase tanto como él. Nadie que consiguiese estimularla tanto como él. (Bueno, quizás excepto Chayanne, pero esto es otra historia que no viene a cuento ahora. Estamos hablando de mis amores infantiles. Y este llegó ya siendo adolescente)

Nadie que no conociese realmente por quien hubiese llorado tanto cuando murió.

No necesita psicoanalizarse para saber por qué se ha fijado siempre en hombres atormentados y torturados, reservados, arriesgados aparentemente pero prudentes; temerosos de aquello que no consiguen dominar; evasivos; aparentemente insensibles, despreocupados e indiferentes, pero tan inseguros en realidad. Tampoco para entender por qué ninguno ha llegado nunca al nivel que ella exige. No lo necesita porque tiene claro que, siendo sus amores infantiles un dibujo animado y un travestido en falda de cuero con bigote, no podía ser de otra manera.

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Vai polo sangue un rego de memorias Drove all night

1 comentario Add your own

  • 1. anama  |  1 diciembre 2011 en 18:13

    Jajajaja, qué bueno! me encanta el último parrafo sobre todo! (Como decía una antigua profesora… “Sobretodo es un abrigoo” 😉

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