Ser político.

27 febrero 2013 at 17:28 1 comentario

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Érase una vez una adolescente, yo, a la que el padre de una de sus mejores amigas insistía en que debía meterse a política. Porque valía para ello, decía. Porque es culta, porque sabe expresarse, porque conoce y analiza el entorno en el que vive. Que sería una buena política, le volvía a decir.

Y la adolescente aquella que era yo se reía, porque no, yo para política tenía claro que no servía. Aunque siempre tuve ganas de estudiar Ciencias Políticas cuando hubiese acabado lo que desde pequeña quería estudiar (en aquel entonces, comprendan Vds., no había un ministro de Educación y Cultura que recomendase no estudiar Humanidades y sí carreras que sirviesen para producir dinerito)

En fin, en estas semanas primeras del año, no dejo de pensar en el padre de mi amiga y su consejo. Y yo, que no me arrepiento de ninguno de los errores que haya podido haber cometido, y que incluso he disfrutado muchísimo con alguno de los errores que he cometido, no dejo de lamentarme por no haberle hecho caso. Porque ser político es un trabajo cojonudo. Pero ser Político, eh, no politicucho del barrio, aunque también. A saber:

  1. una puede decir lo que quiera, aunque sea la mayor tontería del mundo mundial,  sin sentir ridículo alguno, ni temer bronca del jefe, ni pensar en rectificar ni en que una haya hecho el tonto delante de los demás: no me digan que no es estupendo;
  2. una puede estar tranquila respecto al fin de su vida laboral como política: si fue diputada, cobrará una pensioncilla aún habiéndose reincorporado a la práctica privada; o si no, ya me colocará el partido (o sea, la empresa en la que trabajo) en algún puesto de relevancia, digamos Delegación del Gobierno, o alguna diputación; o en los primeros puestos de una lista para el ayuntamiento; o en alguna empresa que haya privatizado antes o sea de algún amigo;
  3. pero si nada de esto sucede, no importa, porque ya encargará el partido (o sea, la empresa) de proporcionarme una indemnización aun cuando mi marcha se haya producido de manera voluntaria;
  4. y si no fui diputada ni senadora, ni alcaldesa, ni portavoz, ni alto cargo, ni nada de esto, sino, digamos, tesorera, secretaria de quien lleva los tesoros, esposa de algún alto cargo, ya se encargará el partido (o sea, la empresa) de lo mismo que lo anterior; claro que la indemnización será en diferido y con pagos a la Seguridad Social aunque ya no esté trabajando (por lo que nos vamos al punto 1)

Pero, como sigo creyendo que la Política, así con mayúsculas, es algo más que este lodazal en el que la están ahogando quienes dicen dedicarse a ella, todavía pienso que no tengo capacidad para ejercer esta profesión. Porque a mí me gustaría que fuese una profesión, en la que sólo aquellos que superan las entrevistas de trabajo necesarias pudiesen acceder a ella, por sus méritos y capacidades, y no por amiguismos a la hora de colocarlos en las listas. Digo que no tengo capacidad, por mucho que intente comprender otros puntos de vista, analizar la realidad desde distintos planteamientos, buscar puntos de encuentro entre distintas opiniones, y no menospreciar o negar a quien piensa distinto sólo por ese motivo, o precisamente, escucharle con más atención por esa razón. ¿Quién sabe? Quizás tenga razón y yo esté equivocada.

O ¿quién sabe? Precisamente por eso sí debería haberme dedicado a la Política.

N.B.:  Para aquellos que desconocen todavía que leer es algo más que juntar letras, que implica entender el texto que resulta de haber juntado esas letras, nótese que lo digo, excepto, es cierto, el último punto, puede aplicarse a cualquier partido político.

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Carta ós Magos de Oriente Levando como velas as sabas tendidas

1 comentario Add your own

  • 1. Despistado  |  2 marzo 2013 en 20:34

    Tristemente, la Política, con mayúsculas como tú dices, ha dejado de existir, asfixiada por todos esos mediocre e ineptos que se hacen llamar políticos, y que están muy bien reflejados en tus 4 puntos.
    Y, como bien dices, nos da igual el color de su partido.

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